"Some nights I rule the world with bar lights and pretty girls. But most nights I stay straight and think about my mom". (Some Nights - Fun. 2012)
El mundo. Cómo puedo competir contra toda esa gran maquinaria social que se retro-alimenta sola con las almas de todas las personas que conozco? Cómo puedo combatirte y mostrar la luz entre tanto caudal pantanoso que no nos deja avanzar? Cómo enfrentarse a la verdad cuando lo que nosotros creemos que pensamos es provisto por alguien más, por ese Otro con mayúscula? Si ni siquiera somos dueños de nuestros propios títulos y pensamientos: qué es verdaderamente nuestro ahí? Ahí bien dentro nuestro. Dónde está límite entre el adentro y el afuera? Ya que ya que no es más la piel lo que separa a lo que somos de lo que no. Alguien más piensa por nosotros, hay alguien más habitando nuestro cuerpo. Otros toman nuestras decisiones mientras que nosotros estamos convencidos de que somos nosotros los que tenemos la última palabra, cuando, en realidad, nos encontramos sujetados y aferrados a este gran Otro omnipotente que nos hace el favor de pensar y sentir. Qué difícil es ser hombre hoy, alguien digno y honrado, merecedor de todo lo bueno que la vida tiene para ofrecernos. Qué difícil es ser transparente, si ser honesto nos da un poco de culpa. Si ser reales y fieles a lo que somos nos duele y cuánto. Estamos desprotegidos y abandonados por todos, creemos estar solos e incomprendidos. Nos han dividido y nos han vencido. Cómo combatir la esclavitud mental? Qué hacer cuando alguien nos dice cosas que cree que está sintiendo, cuando alguien está siguiendo impulsos que sabe propios y personales; y que, en realidad, no son más que manifestaciones infundamentadas de lo que este Otro considera que debamos sentir, pensar, decir y hacer. Cuando un novio, una novia, un marido, una ex-mujer, esa persona que nos gusta o incluso un amigo nos expone, de la forma más convencida y decisiva, que va a disponerse y actuar de una forma que siente fervientemente, aunque no la sienta correspondida a si mismo o que es conciente de que no está bien, pero no sabe qué más hacer. Cómo se lucha contra los fantasmas? Cómo hacerle ver a alguien que hay algo en su propio cuerpo, en su propio ser que no le corresponde? Cómo ayudarlo a mirar hacia dentro y reconocer el error? Más cuando este Otro nos exige que el orgullo sea el más grande y nos haga no aceptar ayuda de nadie, nos aleje de todos y nos posesione de modo tal en que nos devoremos a ese gran Otro, lo incorporemos y lo creamos nuestro. Qué hacemos cuando la persona a la que queremos salvar se presta voluntariamente a ser capturado?
Voy a hablar de mi experiencia personal. Qué difícil es ser joven, hoy. El mundo tiene ya fijadas tantas variables para nosotros. Pero qué lugar queda para uno cuando uno rechaza la hegemonía y luego rechaza la posición aparentemente anti-hegemónica de la hegemonía contraria? Rechazar tantos significantes tal vez me transforme en un psicótico del sistema, pero a veces hay que ampliar un poco el observador para tener una visión más definida de lo que realmente está sucediendo. Y rechazar algo también es posicionarse de una forma, de la misma forma que guardar silencio implica decir algo. Este gran Otro nos promete tantas cosas grandiosas que el encuentro con la pared es un tanto duro, por no decir bastante. Y es sabido que todos le tememos mucho a ese encuentro, al punto que nos negamos rotundamente a todo lo que implique un acercamiento con aquel. Después de todo, a todos nos gusta ser aceptados y no luchar contra la corriente. Pero es en este momento, en el que el miedo se impone y nosotros nos vemos obligados a sucumbir bajo él y de resignar todo eso poco verdaderamente yoico que vive languideciente dentro de uno, en el que yo, personalmente dije basta. No estaba dispuesto a sacrificar ese resto y verlo morir. Fue ahí que cobré la fuerza, fue ahí que encontré la pregunta adecuada. Mucha gente se pasa la vida buscando respuestas a sus preguntas, cuando en realidad deberían buscar hacerse las preguntas correctas. Cómo les digo a estas personas a las que yo quiero tanto que detengan un segundo su locomotora artificial de goce ilimitado e irracional y dejen de golpearse contra la pared y simplemente se pregunten: "por qué?"?. Por eso invito a todo lector ávido de un verdadero cambio a la reflexión, porque es aquí donde se encuentra el secreto. Secreto que este gran Otro intenta hacer pasar por clicheé e ineficaz, dado a que ciertamente no es productivo ni rentable para él y, por ende, se debe encargar de erradicar necesariamente. Simplemente tenemos que tratar de descentrar el foco de nosotros mismos y ver más allá de nosotros, ver más allá de los otros: contemplar el todo. Y, entonces, preguntarnos por sobre cada emoción que tenemos, cada pensamiento que nos avasalla, cada acción que tan apasionadamente queremos concretar, cada ínfimo hilo que nos mueve y cuestionarlo. Examinarlo, conversar con él, preguntarle de dónde viene y por qué. Reflexionar. Y una vez habiendo reflexionado, poder encontrarnos con aquellas cosas que realmente nos mueven y, simultáneamente, discriminar y filtrar aquello que el gran Otro nos quiere hacer creer que nosotros creemos. Poder re-establecer esta diferencia entre el yo, lo que nos es propio, y lo que viene de afuera. Porque algunas veces nosotros creemos que decidimos por sobre decisiones que jamás lo fueron, aquello que pretendimos tampoco fue nuestro alguna vez y aquello que hemos dicho fue, en realidad, dicho por alguien más. Sintamos, pensemos, hagamos y seamos, también nosotros mismos. Porque: "algunas noches, van a tratar de salir y conquistar el mundo con luces de boliches y mujeres hermosas, mientras que la mayoría de las noches van a quedarse y pensar en sus mamas". Y esas cosas simples y obvias son las que realmente importan, no? Bueno, a veces son tan obvias que las obviamos y no faltan las veces en que las vemos morir.