martes, 2 de abril de 2013

Mi extraña adicción

Siempre me hice el superado pero terminé siendo igual que ellos. No se necesita de una droga para aturdirse hasta caer rendido. Encontramos adicciones en las cosas más pequeñas, en los gajes más minúsculos. Cada fijación es una adicción, así como también cada resistencia estereotipada. Todos hacemos lo mismo, abrumamos los sentidos con el objetivo de contener las lágrimas hasta poder conciliar el sueño y, con eso, no dejar de seguir. 
Sorprendentemente, esta no es una de esas noches. No sé por qué lo sea, aún no me doy cuenta de qué fue lo que cambió hoy como para que haya podido reconocerlo. Eso ahora no importa, no es este el momento ni el lugar para descifrarlo. Lo esencial es que sucede: puedo elegir no hacerlo. Si bien me reconfortó durante tanto tiempo, puedo finalmente controlarlo. Pero habiendo recuperado la posibilidad de elegir me encuentro enfrentado a una gran incógnita, una que siempre parecemos intentar evitar: ¿qué hacer sino? Porque es muy fácil quejarse pero difícil es hacer. Intento una vez más dejarme ser y dejarlo salir. No hay que callar esa molestia, hay que dejarla ser. Y, hoy, es. Es un cuerpo extraño latiendo en lo más profundo de mis vísceras, lo siento subir por mi tracto digestivo cual arcada pre-ataque de vómito que paraliza el cuerpo y lo quiebra por completo. Ese retorcimiento siempre ha sido para mi una de las peores sensaciones en todo el mundo, pero a veces es necesario expulsar ciertas cosas de un modo tan contundente. Limpiarse de esas impurezas, de esas angustias que contaminan el alma por haber bebido de esa sustancia tan venenosa que llamamos amor. Eso es lo que es, una resaca de amor. Tomé mucho de eso y ahora que me acosté en la cama toda la habitación da vueltas. Me contorsiono sobre mi mismo, mi cuerpo y mente no dan más. Me pregunto por qué carajo me pasé de la raya, por qué no me medí. Y, como si fuese un adolescente, me juro a mi mismo que nunca más voy a volver a tomar una gota más. Da risa, porque todos sabemos cómo es eso, qué sucede después. A la semana siguiente ya estamos tomando de nuevo como si hubiese pasado nada. Es que sí, ¿cuándo uno tiene realmente suficiente?