Te imagino en tu casa, acostado en el sillón mirando la tele, o volviendo de algún lado. Tal vez de pasar la tarde en Pilar con tus amigos. Me quedó fijada la imagen del nivel de "blanco" en ese departamento, un monocromatismo unívoco que camufla en esa foto de Inmaculación la oscuridad que debe nadar por dentro, imagen en la cual se encuentra ese sillón blanco como la nieve que tanto te esmerás por mantener así. Hace bastante frío hoy, está óptimo para estar bien abrigado tomando uno de tus nespressos y tapado con una frazada bajo el ámparo de alguna película. Me imagino el calor debajo del manto que te cobija, el infaltable olor a perfume hasta en el jogging gris que te ponés para estar de entre casa. Un microcosmos totalmente externo a la templadez que golpea la ventana desde afuera. El frío ocaso de Avenida del Libertador en los primeros días de invierno de alguna forma se ha terminado transformando en una constante en mi vida. Es una avenida que siempre me ve tan feliz y, en otros momentos, tan miserable, tan asquerosamente humano. Una carne socializada sin alma que fluctúa entre los inexistentes estados absolutos de un ser que, en definitiva, no es y nunca lo fue ni será.
Volviendo a vos, ves en la mesa ratona algo de lo que merendaste hace un rato y te preguntás que es lo que habrás de comer en un rato. Probablemente algo simple, no tenés muchas ganas de ponerte a hacer algo. Después de todo, estás cansado. La semana te demandó mucho empeño, tu oficio siempre lo hace. Tu vida es puro endeavor, pero no sabés qué es lo que hace que sea así. Apenas te haces una idea de cómo las cosas funcionan en la forma que lo hacen, pero esas ideas no están para nada alejadas a aquello que puede llegarse a llamarse 'verdad'. Siempre me sorprendió que, pese a que no tuvieses las nominaciones filosóficas que yo intentó manejar, pudieses explicar ciertas cuestiones existenciales tan mundanamente. Esa simpleza fue un cable a tierra para mi que siempre estimo lo abstracto y lo complejo. Me imagino que eso es uno de los motivos por los cuales has de resaltar tanto, te hace parecer tan cercano. O al menos así me hizo sentir a mi.
Volvés la vista y pensás en tu hermano. ¿Cómo estará Álvaro? Siempre me acuerdo de él y sufro cada día en que ya no puedo escuchar sobre su vida o sobre cualquiera de tus historias, hasta de cómo abris el pack del papel higiénico. Escucharte era un placer. Es ahí que recuerdo cómo solo te dabas cuenta de que no podías luchar sus batallas, pero que de poder lo harías sin pensar. Darías todo por tu hermano, y aunque mi historia familiar me haga pensar en ese carácter de los vínculos como algo fantaseoso y Disney-esco, verlo salir de tu boca lo volvió sumamente honesto y cierto. Y pese a que pudieras estar viviendo en la mentira que ese enunciado comportaría, yo lo compré (y lo sigo haciendo). Después de todo, es su hermano gemelo. ¿Cómo no habría de sentirlo así? Yo no puedo sino suponer acerca de algo que es tan ajeno, tan extraño y tan curioso para mi. Siempre me hubiese gustado tener un hermano gemelo, o, en su defecto, más grande. No concibo en mi mente la locura que habría de constituir en ver la imago de uno mismo en un cuerpo que es de otro. Porque con Álvaro son IGUALES, realmente idénticos. He visto fotos y creído haber figurado cuál es cuál, pero si de algo he de estar seguro es que las diferencias son nimias.
No me extraña entonces el carácter de tu vínculo con los otros, con el otro, con un otro que no es el tuyo, que no sos vos. ¿Es tremendo cuando uno lo piensa, no? Un otro en el que te perdés, que, en cierta forma, te define más que a otros. En eso yo me siento sumamente identificado, más que nada porque me encuentro en los otros. No puedo vivir sin ellos, son mi droga. A los dos nos cuesta vivir para nosotros, decidir para nosotros y no decir lo que esperan los otros. Ahí fue donde medio que te puse un palo en la rueda, y eso por un momento te gustó, porque te agarré desprevenido. Un poquito de ruido siempre cae bien (pero siempre y cuando sea un poquito). Vas por la vida buscando desesperadamente un momento de intimidad, alguien a quien arrojarte, alguien que te contenga y con quien poder ser vos y no quien los demás esperan que seas. Esa necesidad tan imperiosa es la que te hace tirarte de entrada de cabeza en la pileta de las vidas de cada uno y, luego, cuando tomas conciencia (y esto es un supuesto mio) salís del primer chapuzón y saltás a otra pileta de agua nueva, limpia y pura. Virgen de tu cuerpo, de tu historia y de tus miedos. Porque como siempre (y eso algo que estoy dejando de atribuirle solamente a los leoninos) construir algo con alguien es casi tan atractivo como lavar los platos. Todo parecería tener que estar ahí y uno solamente llegar y acomodarse.
Es una característica tan intrínseca al ser puto modelo 2014, sumergirse de una en alguien y al cabo de unos días huir despavorido. Yo me pregunto cómo puedo conocer a tantas personas y que tantas me gusten y, al mismo tiempo, que nadie guste de mi. No porque sea feo o desagradable, pero habiendo logrado un buen grado de intimidad con varios, nadie decide quedarse. Nadie lo soporta. Mucho tiempo me hice la cabeza preguntándome por qué, en qué es lo que tendría o lo que me faltaría para ser lo suficientemente digno y bueno para ellos. Un motto mío las últimas semanas ha sido: "toma más de cuatro meses que me conozcan", refiriéndome a una potencial pareja. No veo cómo alguien en 4 o 5 citas es capaz de definir si alguien le gusta o no, al menos en la generalidad. Pero, dentro de ella, al menos yo no saldría con alguien que de entrada no sintiese que pudiera continuar sosteniendo un vínculo. Es raro, pero las personas que dejo entrar en mi vida, es para quedarse. No me hacen sentir bien las efemérides efímeras, al menos no en el plano personal. Habría de conservar a todos pero a la distancia que corresponden. Pero dudo que tenga algo que ver con esto.
Mucho tiempo apelé a la similaridad con los otros, en un intento de (¿por qué no?) "gemelizarme" con ellos. Es lo que veo que todos buscan: un Untro. Un Otro que sea lo más posible Uno. El otro día leía en el blog de Cañete un término que me sacó los órganos para afuera: inyección de autoestima. Los putos (y habría que ver hasta qué punto los no-putos también) habríamos de buscarnos entre sí para hacernos sentir aprobados, para completarnos, pero ya no sólo imaginariamente sino hasta corporalmente. Un otro que te acompañe en la búsqueda de ese ideal que uno quiere ser, idealización que si bien estaría implícita en toda forma del amor, en esta versión de su mal-interpretación toma un gusto verdaderamente asqueroso. Se torna una interpretación sesgada por el impulso social de ser y estar con uno quiere ser, bañándose en nada más que lo más cercano a la carnalización del ideal vuelto materia orgánica. El amor sería eso y nada más. Lo más pútrido de la sociedad se apuntalaría de lo que habría de ser lo más hermoso en este mundo, el amor de la pareja, mientras que el resto de la vida habría de consistir de pura mierda en comparación. Porque lo único que importa en esta vida además de estar in y estar bueno es estar de novio. Por eso las musculocas parecerían estar divinas juntas (al menos en lo que respecta a su intención), habiendo alcanzado el máximo de la realización personal: estar con un otro que encarna socialmente eso que ellos habrían de querer ser, estar al tanto de las últimas (viejas) tendencias (de siempre) y compartirlo con otro igual. Pero, esto no alcanza ni en el mundo de las máscaras (porque nunca queda mal creerse Nietzsche cuando uno escribe), por eso después termina pasando lo que pasa. ¿Y cómo no podría?
Pero volviendo a nosotros, siento que el mayor desencuentro que sostiene a mis últimos encuentros amorosos ha sido el hecho de que ninguno de mis potenciales partenaires ha sido capaz de sostener la diferencia, mi diferencia, puesto que yo me he maravillado con las suyas. Siempre termino sintiendo que por no ser una embajada de sus ideales no soy un buen candidato. En mi caso, ser yo me ha obstaculizado ser para un otro, lo es un límite que siempre traté de determinar. Que ciertos modos estereotipados de concebir una relación estén todavía portando sentidos tan coagulados me hace sentir tan mal, porque la inhabilitación de flacos que me gustan me obligan a considerar contentarme con un cualquiera que esté dispuesto a estar conmigo, retirando toda onza posible de "decisión" en algo que parecería nunca ser tal. Pero yo creo (o me gustaría hacerlo) que sí radica en una elección, y yo me niego a querer conformarme.
En tu caso, el quiebre se vehiculizó en tu negativa por querer complacerme, en poder sacrificar algo tuyo en pos de una querencia mía. Nada loca, por cierto, y que también podría haber sido absolutamente inoportuna. Eso lo entiendo y me hubiese encantado saberlo. Por mucho tiempo, me carcomió la cabeza trasmudado en una culpa que no debería por qué ser (¡Gracias, Casa XII!). Que se podría haber hablado, lo sentí entonces y lo siento hoy. He ahí el tema, más fácil es huir. Nadie se aguanta la diferencia, nadie sabe operar con ella. De la diferencia se huye, con ella no se trabaja. Es algo que ensucia, que enferma, que complica. Y las cosas tienen que salir siempre fácil y rápido. Por eso uno no se puede dar el lujo de esperar más de 4 meses. El momento es ahora y la realización tiene que ser inmediata. Y lo que no se adecua a esto, al montón (de afuera). Nadie confía en el esfuerzo, en la construcción del hombre, en la artificialidad. Todos tratan de soportarse en lo dado, en lo natural, natural que termina siendo solo supuesto porque también resulta una práctica reificada por otros hombres anteriores a nosotros. Nos quejamos de lo artificial y, al mismo tiempo, nos aferramos a ciertas formas suyas. No que lo artificial tenga algo de malo, como muchos intentan hacerlo ver, el el tema sería reconocer lo artificial como tal (si me puedo permitir volverme nietzscheano por segunda vez en un mismo escrito) y hacer con ello lo que a uno se le cante el quinto forro del culo. Al mundo le gusta engañarse tanto que la honestidad molesta, y mucho. Por eso no creas por un segundo que mi pileta no extraña tu zambullida (y eso que le pongo cloro y la limpio seguido) y que no desearía que vos fueses menos estúpido y dejaras de buscar un fantasma social que no se alcanza nunca. O tal vez sea yo quien debería dejar de ser el estúpido quien persigue el fantasma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario