Me siento defraudado. Ese es el sentimiento que irradio hoy, es puro y purificador. He de dejar a mi alma ser, volar libre. Sin mirar atrás, sin escuchar atrás, sin sentir atrás. Una vez más me he expuesto, he jugado el juego y he contraído los riesgos que él demanda. Realmente creí que depararía en algo agradable, en buen puerto y en hora buena. Habría estado dispuesto a ello, dado que algo que visualicé honesto me atraía. Pero, en verdad, fue así? No lo soñé, acaso? Pero yo lo ví, y no puedo concebir cómo es que sigo sorprendiéndome de que son mis palabras las únicas que no se lleva el viento. Cuando nadie más queda, cuando todos se han ido y todo se ha demostrado, siempre quedo yo, ahí sentado firme en esa diminuta silla al fondo del salón mirando hacia el frente, con mi famosa sonrisa intacta. No tengo idea de cómo la verán desde afuera, puede que sea muy divertida y a algunos hasta les parezca linda, pero a la hora de elegir, se ha demostrado que nadie parece escuchar cuando yo levanto la mano. Ni yo mismo creo hacerlo, todos sabemos cómo es la cuestión. Ya nadie quiere escuchar la historia, ya nadie quiere escucharme. Es un vacío, es un eco, no es nada. Ya pasará, todo pasa. Muchas cosas han pasado y otras quedan por pasar. Dicen que el tiempo sana todo, pero yo todavía sigo esperando. Las horas pasan, el tiempo corre y yo corro atrás de él, intentando recuperar los segundos que me robó en su momento. Pero hay algo detrás mio, éso también me persigue. Intentó correr más rápido aún, pero la velocidad no aumenta. El ritmo es el mismo y se está acercando. Cada vez más, poco a poco. Es casi el tiempo de actuar, tengo que pensar rápido. Es ahora o nunca, se acabo el tiempo.
lunes, 11 de abril de 2011
Defraudante Pesadilla
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario