Me siento raro limpiando mi habitación.
Todo está raro, no la siento mía. No siento que yo viva acá, mis cosas
tranquilamente podrían pertenecer a alguien más.
Voy de estante a estante, de cajón a cajón y descubro que apenas tengo alguna que otra cosa en ellos, como si los pocos objetos que han de yacer dentro estuvieran solo para rellenar algo de espacio, para que no estuvieran completamente vacíos. Y es verdad, no creo tener muchas posesiones personales, no hay mucho realmente mío. Cosas sin las cuales no podría irme de acá.
Atesoro la humilde colección de libros y discos que he reunido a lo largo de estos años. Eso me costaría mucho trabajo llevarlo conmigo en caso que necesitara desaparecer porque todo no cabe en una simple mochila. También hay un peluche que me regalaron que sigue conservando un gran para mi. Eso no podría dejarlo si me voy. Lo observo por unos momentos e intento recordar en mi mente el olor a perfume que tenía cuando lo tuve en mis brazos por primera vez. Ya no estaba ahí pero aún podía sentirlo. Vuelvo a verlo detenidamente, tiene una sonrisa perfecta dibujada en su cara, es muy feliz. Es un oasis intacto dentro de las infinitas dunas de arena en mi cabeza.
Voy de estante a estante, de cajón a cajón y descubro que apenas tengo alguna que otra cosa en ellos, como si los pocos objetos que han de yacer dentro estuvieran solo para rellenar algo de espacio, para que no estuvieran completamente vacíos. Y es verdad, no creo tener muchas posesiones personales, no hay mucho realmente mío. Cosas sin las cuales no podría irme de acá.
Atesoro la humilde colección de libros y discos que he reunido a lo largo de estos años. Eso me costaría mucho trabajo llevarlo conmigo en caso que necesitara desaparecer porque todo no cabe en una simple mochila. También hay un peluche que me regalaron que sigue conservando un gran para mi. Eso no podría dejarlo si me voy. Lo observo por unos momentos e intento recordar en mi mente el olor a perfume que tenía cuando lo tuve en mis brazos por primera vez. Ya no estaba ahí pero aún podía sentirlo. Vuelvo a verlo detenidamente, tiene una sonrisa perfecta dibujada en su cara, es muy feliz. Es un oasis intacto dentro de las infinitas dunas de arena en mi cabeza.
Después, me gustaría decir que "bien en el
fondo, en el corazón de mi habitación", pero en realidad está bastante a la vista. Hay una caja. No está escondida, no es secreta ni me
avergüenzo de ella. Es una caja mediana y bastante plana, donde venía el
decodificador para la televisión. Ahí me he encargado de guardar varias cosas significativas a
lo largo de los años: cuadernos con cosas que he escrito, tarjetas de
cumpleaños, cartas de amor, entradas a recitales, algunas fotos... Hasta tiene
una cajita mucho más chiquita con algo que me preparó mi mamá. Ese día hizo las cosas muy bien. Cuando yo era más
chico, ya tengo que empezar a calcular porque dejé de recordad la edad exacta,
supongo que unos 13, 14 años tenía un gato. Un gato ya maduro de pelaje rubio
(inocentemente siempre decía que era un gato naranja) que un día apareció en mi
casa y lo adoptamos. Vivió muchos años con nosotros, pero cuando me fui de
viaje de egresados en 7mo año de la primaria falleció. Antes de irme no
parecía tener nada de malo, pero durante esos días en los que me ausenté, empezó
a estar muy mal y terminó pasando lo que pasó. Mi mamá me dijo que suele pasar
que los gatos escapan o esperan a que su dueño no estén cuando están por morir,
y si bien lo que ella dice nunca es siempre un invento/mentira, en ese momento
fue una explicación que elegí creer, fue con lo que elegí quedarme. Y lo que
mejor hizo ese día fue cortarle unos pelitos antes de enterrarlo y guardármelos
con su collarcito en una cajita forrada por dentro de terciopelo como para
guardar alguna lapicera linda o un dije. Bueno, dentro de aquella caja de
recuerdos se encuentra esta y creo que, más que cualquier cosa, eso es lo que
hoy más me conmueve. Nunca pude despedirme de él ni imaginé que habría de tener
que hacerlo en ese momento, así que es lo único que conservo de él.
Y así como él no está más, estás cosas
algún día no estarán más y yo tampoco voy a estar. Porque solo soy un pedazo de
carne que un segundo está y que en el próximo habrá desaparecido para siempre.
Para nunca más volver. Solo somos especiales mientras nosotros así lo
concibamos, porque no somos nada, así como la mayoría de estas cosas que hoy
estoy tirando a la basura no significan nada para mi, en caso de que alguna vez
lo hayan hecho. Y en definitiva, al final del día, soy solo yo y nada más, eso
es lo único que es verdaderamente mío. No tengo más que eso y, hasta por
momentos, siento que hay partes de mi que solo son cognoscibles para mi, que
nadie más que yo va a tener acceso a ellas. Ser Uno es algo muy solitario y
últimamente así me he sentido, muy solitario, muy confundido, muy enajenado de
todo, porque por un lado siento que pertenezco, pero no del todo. Y las cosas
que me gustaría alcanzar son muy lejanas o mal motivadas. Y es difícil para mi
ser, realmente intentar ser. Más cuando el tiempo es ahora, es mi decisión, mi
vida y mi mundo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario