Puedo verte desde acá, te siento desde la luz verde de tu conexión en el Facebook. Sentado en el sillón del departamento, sufriendo por cada minuto que pasó de la hora en la que debías acostarte.
Tal vez mañana elijas trabajar desde casa y pasarte el día respondiendo infinitas llamadas cuyo contenido jamás pude comprender bien.
Cerrás los ojos y dejas que la oscuridad que te rodea te sumerja en ella, tratando de buscar un poco de alivio. Solo se escucha el ruido de la computadora encendida y al gato que ocasionalmente sale disparado de un rincón al otro de la habitación buscando divertirse.
-"¿Cuándo fue la última vez que me divertí?", te preguntas levantando la taza de café y dándole el último sorbo. Tal vez el calor del porro milagroso en tu garganta te salve como tantos otras noches, apagadas noches después un día de intensa exigencia.
Ya no podés darte cuenta si es que el trabajo se pone cada vez más pesado o vos te volvés cada vez menos tolerante. Volvés a preguntarte si todo este stress vale la pena, si es así como realmente querés pasar, ni siquiera el resto de tus días, los próximos. Ya no sabés ni qué no sabés y esa impotencia te sofoca, pero sos un gran mentiroso. Detrás de esa intención de ser siempre honesto hay una viscosa y densa mentira que siempre se cierra a ser libre.
Tal vez mañana elijas trabajar desde casa y pasarte el día respondiendo infinitas llamadas cuyo contenido jamás pude comprender bien.
Cerrás los ojos y dejas que la oscuridad que te rodea te sumerja en ella, tratando de buscar un poco de alivio. Solo se escucha el ruido de la computadora encendida y al gato que ocasionalmente sale disparado de un rincón al otro de la habitación buscando divertirse.
-"¿Cuándo fue la última vez que me divertí?", te preguntas levantando la taza de café y dándole el último sorbo. Tal vez el calor del porro milagroso en tu garganta te salve como tantos otras noches, apagadas noches después un día de intensa exigencia.
Ya no podés darte cuenta si es que el trabajo se pone cada vez más pesado o vos te volvés cada vez menos tolerante. Volvés a preguntarte si todo este stress vale la pena, si es así como realmente querés pasar, ni siquiera el resto de tus días, los próximos. Ya no sabés ni qué no sabés y esa impotencia te sofoca, pero sos un gran mentiroso. Detrás de esa intención de ser siempre honesto hay una viscosa y densa mentira que siempre se cierra a ser libre.
Esperabas que el viaje te aclarara un poco el panorama, y en cierto sentido así lo hizo, pero tal vez esperabas toparte con más respuestas de las que la pregunta disponía. Recordás que justamente que eso implica escaparse, y que si existe un lugar para seguir construyendo éste es acá. Que lo que sucede acá no habrá de dejar de existir porque elijamos no verlo. Pero eso lo sabés bien, nunca fuiste un gran entusiasta de escaparle a la vida, ser un desertor o un fugitivo nunca fue con tu estilo y tu apariencia de fortaleza, pese a que, en realidad, te hayas visto involucrado en sus consecuencias más veces de las que te hubiese gustado.
Y, sin embargo, después de todo lo que pasó y sigue pasando, acá estás. Recorrés en tu mente lo que ha sido este año: lo que ha traído consigo y lo que se ha llevado. Es en esta sucesión de eventos que mi cara aparece, después de todo, el primer trimestre del año me corresponde. Puedo llegar a imaginar qué tipo de sentimientos son los que atraviesan el fondo de tus ojos con la reminiscencia de mi imagen, pero sin importar cuán gran lector y analista sea, nunca puedo terminar de descifrar con exactitud cuál es el que predomina. Si es culpa, indiferencia, ambivalencia o una mezcla indivisible de todos.
Tampoco es que haya tenido gran posibilidad de averiguarlo, desde la última vez que charlamos no sólo desapareciste de mi rutina y de mi vida, sino que llegaste a abandonar el continente. No me adjudico este viaje, pero sí puedo fantasear que me transformo en algún engranaje que forma parte de sus motores. Es así que en búsqueda de qué, no lo puedo saber. Tampoco sé si me importa, realmente, siendo la primera vez que me detengo a preguntármelo. Algo me dice que volviste a buscar algo que dejaste ahí la primera vez, buscando recrearlo o recrearte en él. Pero no creo que ese río pueda ser el mismo dos veces.
Y mientras escribo, vuelvo a Facebook a ver la miniatura de tu foto en la derecha de la pantalla. La veo y repaso tus movimientos en la habitación. Puedo verte yendo y viniendo de acá para allá. Estoy ahí, puedo espiarte desde acá como si la ventana del chat no fuera una metáfora. Te miro y escribo, escribo y te miro. Nos imagino compartiendo ese momento hasta que la luz se apaga y todo termina. Volvés a no estar más ahí como desde hace tantos meses que no lo estás, por suerte para vos y para mi, y regreso a mi mundo, un lugar a años luz del tuyo si bien solo pocos kilómetros nos separan. Seguramente ha sabido ser la mejor decisión, no sé cómo habríamos enfrentado lo que vino después. Tal vez el destino es más sabio de lo que uno esperaría que fuera y más libertino que su expectativa opresiva.
Así que, ¿con qué propósito? ¿En qué me beneficiaría entender los verdaderos motivos que se esconden detrás de la mentira? ¿Fueron acaso mentiras? Si hay alguien a quién esa supuesta purga beneficiaría sería a él, explicarse y disculparse por haber sido tan tonto. Pero, a mí, ¿qué me generaría? Tal vez recordarme que nada nunca es realmente el final de nada. De que la luz verde jamás se apaga, así como tampoco jamás se prende. Que es una ilusión que solo existe porque la crea mi mente.
Así que, ¿con qué propósito? ¿En qué me beneficiaría entender los verdaderos motivos que se esconden detrás de la mentira? ¿Fueron acaso mentiras? Si hay alguien a quién esa supuesta purga beneficiaría sería a él, explicarse y disculparse por haber sido tan tonto. Pero, a mí, ¿qué me generaría? Tal vez recordarme que nada nunca es realmente el final de nada. De que la luz verde jamás se apaga, así como tampoco jamás se prende. Que es una ilusión que solo existe porque la crea mi mente.
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